viernes, marzo 14, 2008

La Venganza de los Corderos 1.2

Apenas se subió al taxi supo que algo andaba mal, el escalofrío que hizo que se le pusieran los pelos de punta, fue inclusive antes de que mirara los ojos del taxista que la miraban por el espejo retrovisor. Pensó en pedirle que se detuviera en la próxima esquina y bajarse pero tenía la absoluta certeza de que eso sería peor, miraba por la ventana hacia las veredas y calles cercanas, buscando ayuda, pero era demasiado tarde y casi no había gente en las calles, nadie a quien recurrir. Se maldecía por permitir que se le hiciera tan tarde, por no tener minutos en el celular hacia mas de una semana... si alguien se dignara a llamar justo ahora...
Pero eso jamás ocurre en estos casos.

Trato de parecer tranquila, y a ratos trataba de entablar conversación con el sujeto, pero este hablaba poco y su mirada era insistente por el espejo, a ratos le pareció que sonreía para si. La velocidad comenzó a aumentar paulatinamente, cuando en la intersección de la avenida por la que iba viró al sur en vez de hacia el norte que era hacia donde ella le había indicado, supo que la suerte estaba echada.

Reclamó tratando de mostrar enojo mas que miedo...

-tranquiiila- le dijo -si vamos bien por acá-

Su mirada era amenazadora y se acentuaba con la horrible sonrisa complacida que le mostró al detenerse en un semáforo.

Al tomar la Carretera, solo podía pensar en la impotencia que sentía, en como se acercaba a un destino atroz e inevitable, como iba a explicarlo a la policía, a su familia a la gente en general, sabía que a pesar de ser la víctima sería a ella a la que condenaría la sociedad. Las opciones en este momento se reducían considerablemente y mientras mas lo pensaba, mas se convencía de su destino. Trato de controlar su respiración, de relajar sus músculos que parecían a punto de estallar por la tensión, trato de concentrarse en el camino que seguían, pero el miedo la consumía. Las luces de la carretera y de las casas a lo lejos solo servían para incrementar la sensación de velocidad y profunda soledad.


Finalmente él tomó la salida que conducía a unos terrenos baldíos. La adrenalina de la situación, la fragilidad de aquella mujerzuela, que así consideraba a todas las mujeres, y sus ojos asustados lo exitaban de sobre manera, conocía perfectamente el camino y aunque estaba muy oscuro no tubo problemas para encontrar el acceso al lugar entre los matorrales. Había traído a tantas aquí, pero no le preocupaba en lo absoluto, ya que era un lugar de difícil acceso y hasta ahora ninguna de esas brujas lo había podido identificar ni mucho menos llevar a la policía hasta ese, su lugar secreto. Nadie venía por estos caminos, el sabía que hacía mucho que estos terrenos estaban abandonados.


Detuvo el motor, se bajo lentamente...el sujeto era alto y de constitución gruesa.

-llegamos- dijo y le sonrió, mientras le abría la puerta.

-bajate-dijo con tono frío y autoritario - peor para ti si no te comportas-

Ella se bajo, lo miraba directo a los ojos...

El primer golpe fue directo a su cara, su labio se partió

-mírame-le rugió, y propino el siguiente de muchos golpes, sus manos comenzaban a llenarse de sangre, las patadas eran aún mas fuertes, solo se detuvo un par de veces para contemplar su obra, no podía ignorar la inmensa satisfacción que sentía, se detuvo cuando ya jadeaba casi sin aliento por el esfuerzo, el bulto que tenía frente de si, ya no se movía, se agacho para ver su hinchada cara y comprobar que aún respiraba... unos globitos de sangre lo corroboraban... sonrió.


Al subir devuelta al auto, agarró un trapo que había en el asiento contiguo y comenzó a limpiarse exaustivamente la sangre y rastros de lodo-se lo merecía- pensó. Echo a andar el motor, que parecía sonar muy fuerte en el silencio de la noche, y se alejó, dejando su obra concluida-y con honores-dijo en voz alta, para luego reírse nerviosamente. La mujer dejó horas mas tarde el vehículo frente a un reten de carabineros con una nota indicando, que había un regalo para ellos en un lugar marcado en un plano carretero, acompañado de una breve explicación de los hechos y lo agradecida que estaba de la década que llevaba practicando karate...




3 comentarios:

Juanjo dijo...

Buen manejo de la ambiguedad, aunque creo que lo del karate está demás.

Bardo Perdida dijo...

Ups!!!

creo que olvide agregar la sgte. frase:

Los sucesos narrados, estan basados en un caso real, habría cambiado los nombres, para proteger la identidad de los inocentes... pero nunca me dieron los nombres.
y aunque narrativamente todavía dudo si debo sacar lo del karate, es parte de los hechos acontecidos.

A_ROJO dijo...

son de esos finales que me gustan...

perdio el malo..

JAJAJA